Publicado el 26 de marzo de 2022
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Unas breves palabras de introducción a la serie
Como ya comentamos en un post anterior, Parker Lewis es una de esas series de los 90 que se quedaron grabadas en nuestra memoria. Sobre todo sus dos primeras temporadas, que nos regalaron momentos míticos y situaciones tan absurdas como ingeniosas. Hoy nos vamos directos al episodio número 1, ese en el que ya se podía intuir el tono cómico, rápido y un poco surrealista que caracterizaría a la serie.
La historia arranca con Parker presentándose a sí mismo. Con esa seguridad que le caracteriza, nos cuenta quién es y, de paso, nos presenta a sus dos inseparables compañeros de aventuras en el instituto: Mikey Randall, el amigo «rockero» y algo más impulsivo, y Jerry Steiner, el cerebrito del grupo, siempre con su inseparable abrigo lleno de recursos. La química entre los tres se nota desde el primer minuto.
Tras ponerse al día en su particular “reunión de equipo”, llega uno de esos momentos marca de la casa: sincronizan sus relojes como si fueran agentes secretos a punto de iniciar una misión. Cada uno se marcha a lo suyo, pero con la sensación de que, tarde o temprano, sus caminos volverán a cruzarse antes de que acabe el día.
No pasa mucho hasta que Parker recibe un mensaje claro: la directora Grace Musso quiere verlo en su despacho. Y todos sabemos que eso nunca es buena señal.
Musso, con su estilo autoritario y su mirada que podría taladrar paredes, intenta encasquetarle a Parker un problema que, por supuesto, él asegura no tener nada que ver. La escena es un tira y afloja de ingenio: ella lanza acusaciones, él esquiva con respuestas rápidas y gestos de inocencia exagerada. Finalmente, Parker consigue librarse y salir de allí sin una sanción… al menos por el momento.
En la siguiente clase, Parker se topa con una novedad: una chica nueva que, al parecer, ha dejado a su amigo Mikey completamente embobado. Parker la observa y, con ese tono cómplice hacia el espectador, nos deja caer que su cara nos suena… aunque no termina de decir de dónde.
Mikey, incapaz de disimular, le confiesa que está coladito por ella y, sin pensarlo demasiado, le pide ayuda para conseguir una cita.
El plan se pone en marcha. Mikey, siguiendo los consejos de Parker, decide ir a la tienda de electrodomésticos donde trabaja la chica, Milla. La idea es sencilla: acercarse, charlar un poco, dejar caer algún comentario ingenioso y salir de allí con una cita. Pero, como era de esperar, nada sale según lo previsto. Un malentendido tras otro y, en cuestión de minutos, todo el pastel queda al descubierto. Milla no parece muy impresionada y Mikey se marcha con más dudas que certezas.
Viendo que su amigo está en apuros, Parker decide intervenir para arreglar las cosas. Pero justo cuando parece que está consiguiendo que Milla vea a Mikey con mejores ojos, aparece Shelly, la hermana pequeña de Parker. Y Shelly, que siempre está al acecho para fastidiar a su hermano, no pierde la oportunidad: les hace una foto juntos en un momento comprometido.
La imagen corre como la pólvora. Al llegar al instituto, Parker se da cuenta de que todo el mundo parece saber ya “lo que pasó” con Milla. Los rumores vuelan y las miradas curiosas lo persiguen por los pasillos. Mikey, por supuesto, no está nada contento y Parker intenta explicarle que todo es un malentendido.
Pero la conversación se interrumpe de la peor manera posible: Mikey, sin darse cuenta, se sienta sobre el almuerzo de Larry Kubiac, el matón del instituto.
Kubiac, un tipo enorme y de pocas palabras, no se lo toma nada bien. Con un gesto lento pero amenazante, agarra a Parker y a Mikey y los arrastra hasta el gimnasio. La intención es clara: darles una lección que no olviden. La tensión sube y parece que no hay escapatoria.
Y entonces, cuando todo pinta mal, aparece Jerry. Pero no viene solo: trae consigo al hermano pequeño de Kubiac, un niño que, para sorpresa de todos, parece tener a Larry completamente bajo control. La escena es tan absurda como divertida: el matón más temido del instituto se desarma por completo ante la ternura de su hermanito pequeño.
Gracias a esta inesperada intervención, Parker y Mikey logran salir indemnes. No hay golpes, solo un par de advertencias y la promesa de que, de alguna manera, todo volverá a la normalidad… o al menos a la versión de normalidad que existe en el universo de Parker Lewis.
El episodio cierra con esa sensación de que hemos asistido a una cadena de enredos perfectamente hilados: desde la presentación de personajes hasta el malentendido con Milla, pasando por la foto de Shelly y el encontronazo con Kubiac. Todo contado con ese ritmo rápido, los cortes visuales ingeniosos y el humor un poco surrealista que hicieron de la serie algo tan especial.
El inicio de una gran serie
En este primer episodio de Parker Lewis, queda claro por qué la serie se convirtió en un referente de los años 90: ritmo ágil, humor ingenioso y personajes con mucha personalidad. Cada escena, desde las tretas con la directora Grace Musso hasta el enredo con Milla y el enfrentamiento con Kubiac, muestra el equilibrio perfecto entre comedia y situaciones absurdas. La química entre Parker, Mikey y Jerry es el motor de la historia, y su capacidad para salir airosos de cualquier lío es parte de su encanto. Un arranque que sienta las bases de un clásico televisivo inolvidable.
Más sobre Parker Lewis en éste post.
Intro de Parker Lewis














