Publicado el 7 de mayo de 2022
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El viento se levanta (2013): la despedida más madura de Hayao Miyazaki
Hablar de Hayao Miyazaki es hablar de uno de los nombres más importantes de la animación mundial. Su trayectoria abarca varias décadas y ha influido de forma determinante en generaciones enteras. Desde aquellas primeras tardes frente al televisor descubriendo al simpático Sherlock Holmes canino de los años 80 en TVE, pasando por la inolvidable serie Conan, el niño del futuro que tantas autonómicas emitieron, hasta llegar a la fiebre del manga y el VHS con películas como Mi vecino Totoro. Miyazaki ha dejado huella, no solo como director, sino también como narrador de mundos en los que la imaginación y la emoción se dan la mano.
Su Estudio Ghibli, cofundado junto a Isao Takahata, nos ha regalado títulos como El viaje de Chihiro, La princesa Mononoke, Nausicaä del Valle del Viento y tantos otros que forman parte del canon de la animación japonesa. Sin embargo, El viento se levanta (Kaze Tachinu, 2013) ocupa un lugar muy particular: es, hasta la fecha, su película más madura, más reflexiva y también la que ha generado opiniones más divididas.
Un proyecto personal y distinto
El viento se levanta nace a partir de un manga que el propio Miyazaki publicó en 2009, inspirado en la novela homónima de Tatsuo Hori escrita en los años 30. La historia se centra en Jiro Horikoshi, el ingeniero aeronáutico que diseñó varios de los cazas japoneses utilizados en la Segunda Guerra Mundial. A través de él, Miyazaki construye un relato que mezcla la biografía real con elementos ficticios, añadiendo una subtrama romántica que humaniza al protagonista y le da un peso emocional profundo.
A primera vista podría parecer que el tema central son los aviones de guerra y, con ello, la sombra de un conflicto bélico. Pero la película se aleja de cualquier enfoque propagandístico o bélico. Su verdadero interés reside en retratar la belleza de las pequeñas cosas, el sentido de la vocación y la capacidad de soñar, incluso en medio de circunstancias adversas.
Una historia de amor y de vocación
La película alterna dos ejes narrativos:
- Por un lado, seguimos el desarrollo profesional de Jiro, su pasión por la ingeniería y su empeño en crear aviones bellos y funcionales.
- Por otro, asistimos a la historia de amor con su esposa, marcada por momentos de ternura y también por la fragilidad que impone la enfermedad.
Este equilibrio entre el impulso creativo y la vida íntima es una de las razones por las que El viento se levanta se percibe como la obra más adulta de Miyazaki. El director no rehúye mostrar la dureza de la vida, pero tampoco se recrea en el drama: lo suaviza con paisajes idílicos, cielos abiertos, atardeceres dorados y secuencias en las que la calma se impone al ruido del mundo.
El Japón de principios del siglo XX
Uno de los mayores atractivos visuales de la película es la recreación del Japón de entreguerras. Miyazaki, fiel a su atención obsesiva por el detalle, dibuja ciudades, aldeas y campos con una calidez que traspasa la pantalla. Las escenas de ferrocarriles, mercados y calles urbanas respiran vida. El contraste entre esa belleza cotidiana y el trasfondo histórico —el avance hacia un conflicto global— es parte esencial del mensaje: la vida está hecha de momentos pequeños y valiosos, incluso cuando se ciernen nubes oscuras.
¿La última película de Miyazaki?
En el momento de su estreno, en 2013, Miyazaki anunció que sería su última película. A sus más de 70 años, parecía decidido a retirarse, aunque sin desvincularse del todo del Estudio Ghibli. La noticia generó un sabor agridulce: por un lado, El viento se levanta se percibía como un cierre digno y coherente; por otro, costaba asumir que no volveríamos a ver una nueva historia nacida de su mano.
A lo largo de estos años, han surgido rumores y proyectos esporádicos, pero nada que se haya confirmado como una sucesora directa en su filmografía de largometrajes. Todo apunta a que esta obra puede considerarse su despedida oficial, al menos en lo que respecta a grandes producciones.
Reconocimiento y controversia
La recepción internacional fue, en general, muy positiva. El viento se levanta se proyectó en numerosos festivales y llegó a competir en los premios Oscar en la categoría de Mejor Película de Animación. Aunque no se llevó la estatuilla, consolidó su posición como una de las propuestas más sofisticadas y emotivas del cine de animación de la última década.
Sin embargo, en Japón y, especialmente, en Corea del Sur, surgieron voces críticas. Algunos interpretaron el hecho de que el protagonista diseñara cazas de combate como una suerte de reivindicación del pasado militarista e imperialista japonés. Hubo quienes vieron en la película un mensaje ambiguo o incluso favorable al uso bélico de la tecnología.
Una lectura errónea
Para quienes conocen la trayectoria de Miyazaki, estas acusaciones resultan poco sostenibles. El director ha defendido siempre una visión pacifista, ecologista y humanista. Desde Conan, el niño del futuro hasta La princesa Mononoke, su cine ha cuestionado la violencia y la destrucción, abogando por el respeto a la naturaleza y por la coexistencia.
En El viento se levanta, Jiro es mostrado como un hombre enamorado de la ingeniería y la belleza del vuelo, no como un militarista. Que sus diseños fueran utilizados con fines bélicos responde a las circunstancias históricas, no a su ideología personal. Miyazaki plantea así la eterna tensión entre la creación y el uso que otros puedan darle: una reflexión que, en este caso, resulta especialmente vigente.
Miyazaki en estado puro… pero más adulto
La película conserva muchas de las señas de identidad del autor:
- Animación cuidada y artesanal, con especial énfasis en paisajes y atmósferas.
- Protagonistas movidos por ideales más que por ambiciones materiales.
- Interludios contemplativos en los que se detiene el tiempo para disfrutar de una comida, un paseo o una conversación tranquila.
Sin embargo, se aleja del tono más abiertamente fantástico de otras obras suyas. No hay criaturas mágicas ni mundos paralelos. La magia aquí es la de los recuerdos, los sueños y la belleza encontrada en lo cotidiano. Es Miyazaki, pero filtrado por una mirada más serena y madura, quizá consciente de que estaba firmando su testamento cinematográfico.
El título y su significado
“El viento se levanta” es una frase tomada de un poema de Paul Valéry: «El viento se levanta… hay que intentar vivir». La cita aparece en varios momentos del filme y funciona como lema vital. Ante la adversidad, ante los cambios inevitables, la respuesta es aferrarse a la vida, seguir creando y amando mientras se pueda. Este espíritu recorre toda la película y conecta con la filosofía general de la obra de Miyazaki.
Premios, legado y recomendación
Aunque no arrasó en premios, El viento se levanta dejó una huella importante. Para muchos, es la culminación de la faceta más reflexiva del director. Para otros, es una rareza en su filmografía, precisamente por su enfoque histórico y por la ausencia de elementos fantásticos. Lo que es indiscutible es que demuestra que la animación puede ser un vehículo para contar historias adultas, complejas y profundamente humanas.
Su legado también está en haber abierto la puerta a un debate sobre el papel del creador frente al uso de sus obras, sobre la relación entre arte, tecnología e historia, y sobre cómo representar épocas convulsas sin caer en maniqueísmos.
Conclusión: un cierre digno y recomendable
El viento se levanta es, probablemente, la película menos infantil de Miyazaki, pero no por ello menos cautivadora. Su ritmo pausado, sus paisajes cuidados, sus personajes llenos de matices y su mensaje vitalista la convierten en una obra que merece ser vista y revisitada. Puede que no tenga dragones ni espíritus del bosque, pero sí tiene algo igual de valioso: la certeza de que, incluso en tiempos difíciles, la vida merece ser vivida con intensidad y belleza.
Es, en definitiva, Miyazaki en estado puro, pero con un poso de madurez y melancolía que la hace única. Y aunque su autor decidiera no volver a dirigir, este filme quedará como un broche de oro a una carrera que ya forma parte de la historia del cine.
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