Publicado el 21 de enero de 2023
Contenidos
Todos hemos sido jóvenes alguna vez y, aunque no lo reconozcamos, seguro que en algún momento de la adolescencia hemos soñado con tirar por la borda las obligaciones, saltarnos las clases y tomarnos un descanso improvisado, un verdadero “kit-kat” vital. En 1986, Matthew Broderick nos regaló en pantalla precisamente esa fantasía con Todo en un día (Ferris Bueller’s Day Off en su título original). Una película que, casi cuatro décadas después de su estreno, sigue siendo considerada una de las mejores comedias de los años 80, con una legión de fans que la revisitan con cariño.
El responsable detrás de las cámaras fue John Hughes, el maestro indiscutible del cine adolescente ochentero, que también nos dejó clásicos como El Club de los Cinco o Dieciséis velas. Su toque para retratar a la juventud, combinando humor, ritmo y una pizca de rebeldía, se nota en cada escena de esta historia.
Un protagonista carismático y descarado
La trama gira en torno a Ferris Bueller, un estudiante despreocupado, ingenioso y con una habilidad especial para salirse siempre con la suya. Desde los primeros minutos, Ferris nos habla directamente, implicando al espectador en su plan maestro: fingir estar enfermo para quedarse en casa… aunque en realidad lo que quiere es vivir el día libre perfecto.
En cuanto sus padres se marchan a trabajar, Ferris llama a su mejor amigo, Cameron Frye (interpretado por Alan Ruck), y a su novia, Sloane Peterson (Mia Sara). Juntos, se suben a un espectacular Ferrari descapotable rojo —propiedad del padre de Cameron— y se lanzan a recorrer Chicago en busca de diversión. Y vaya si la encuentran: desde partidos de béisbol hasta desfiles multitudinarios, pasando por visitas a museos y lujosos restaurantes.
Un día que cunde como una vida
Lo fascinante de Todo en un día es cómo, en apenas unas horas, estos tres jóvenes logran vivir tantas experiencias diferentes. Cada parada es una pequeña aventura, y el guion de Hughes se asegura de que todo esté impregnado de humor y situaciones ingeniosas, aunque algunas rocen lo improbable.
Parte del encanto de la película está en su tono optimista y desenfadado, que invita a dejar de lado las preocupaciones y disfrutar del momento. Ferris no es un rebelde problemático, sino un estratega encantador que sabe cómo esquivar las normas sin hacer daño real a nadie… bueno, quizá con la excepción del Ferrari.
Éxito en taquilla y legado cultural
En su día, esta comedia recaudó más de 70 millones de dólares, convirtiéndose en uno de los éxitos cinematográficos de 1986. Curiosamente, los propios actores no tenían grandes expectativas tras el rodaje, y algunos pensaban que pasaría sin pena ni gloria. El tiempo les demostró lo contrario.
El impacto fue tal que, años después, inspiró series como Parker Lewis Nunca Pierde en los 90. Las similitudes entre Parker y Ferris eran evidentes: ambos eran maestros del ingenio, se saltaban las normas y vivían aventuras escolares con un toque surrealista.
Recuerdos personales y escenas míticas
Recuerdo haber visto Todo en un día siendo muy joven, en una emisión por TVE, y quedar fascinado. La idea de un día perfecto, libre de responsabilidades, es irresistible para cualquier adolescente. Y, por supuesto, hay escenas que se han quedado grabadas en la memoria de muchos:
- El desfile en el centro de Chicago con Ferris cantando “Twist and Shout” de los Beatles.
- Los intentos del director del instituto por pillarlo in fraganti.
- Y, cómo olvidarlo, la desastrosa escena final con el Ferrari volando por los aires tras un accidente, dejando a Cameron en estado de shock.
Un rodaje que unió a sus actores… y una triste anécdota
Un dato curioso es que Matthew Broderick y Jennifer Grey —quien interpretaba a la hermana de Ferris— comenzaron una relación sentimental tras el rodaje. Sin embargo, un trágico accidente de tráfico en Irlanda en 1987 puso fin a su compromiso y dejó una sombra triste en una historia que, en pantalla, había sido pura alegría.
Por qué sigue funcionando hoy
Visto hoy, Todo en un día puede parecer simple e incluso ingenua en algunos tramos, pero su frescura y su capacidad para transmitir buen humor no han perdido fuerza. Es una carta abierta a la juventud, a la amistad y a la importancia de tomarse un respiro para disfrutar de la vida. Ferris Bueller se ha convertido en un icono cultural, símbolo de esa chispa que todos deberíamos rescatar de vez en cuando.
En resumen: Si buscas una película ligera, divertida y con ese toque ochentero que mezcla música, descaro y aventura, este clásico de John Hughes sigue siendo una apuesta segura. Y cuidado… que después de verla quizá te entren ganas de inventarte un resfriado y planear tu propio “día libre perfecto”.
Búscala en Amazon.es
Entrada sobre Parker Lewis Nunca Pierde


