Publicado el 22 de octubre de 2022
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Las comedias de situación norteamericanas, conocidas como sitcoms, llevan décadas haciéndonos reír y traspasando fronteras. Desde clásicos como «Friends», «Las chicas de oro», «Padres forzosos» o «El príncipe de Bel-Air», el género ha sabido conectar con públicos de todas las edades.
En medio de ese universo llegó una de las más peculiares: «Alf», una serie que mezclaba humor familiar, ciencia ficción y un protagonista que no era humano, sino un carismático extraterrestre cubierto de pelo marrón.
De Melmac al salón de casa
«Alf» comenzó a grabarse en Estados Unidos en 1986 y se emitió originalmente por la cadena NBC. Su nombre real en la ficción era Gordon Shumway, un alien procedente del planeta Melmac que, tras la destrucción de su mundo, aterrizaba accidentalmente en el garaje de la familia Tanner.
En España, llegó en 1988 dentro del programa infantil matinal «Cajón Desastre» de TVE, y más tarde pasó a emitirse los domingos por la tarde. Su mezcla de situaciones absurdas, ternura y humor blanco la convirtió rápidamente en un fenómeno televisivo, especialmente entre el público infantil.
El humor de Alf
El humor de «Alf» no se apoyaba en tramas complejas, sino en las surrealistas situaciones que vivía la familia Tanner intentando convivir con el alienígena mientras lo escondían de los vecinos, las autoridades y los temidos agentes del Proyecto ALF, que querían capturarlo.
Gran parte de la gracia recaía en los chascarrillos y comentarios sarcásticos de Alf, que a menudo rompía la tensión con frases ingeniosas o bromas sobre su planeta de origen y su afición por comerse gatos.
Vista hoy, muchos dirían que a la serie le sobraba algo de guion y le faltaba acción. Pero hay que recordar que los medios técnicos de la época y el presupuesto limitado condicionaban mucho la producción.
El lado menos amable del rodaje
Aunque quienes cursábamos la E.G.B. guardamos un gran cariño a Alf, para sus actores protagonistas la experiencia no fue tan idílica. Los rodajes eran exigentes y muy lentos debido a la compleja manipulación del muñeco, que era controlado por el titiritero Paul Fusco (también voz original de Alf).
Esto provocaba que gran parte del protagonismo recayera en la marioneta, algo que generó tensiones e incluso cierta envidia en el reparto. Andrea Elson, que interpretaba a Lynn Tanner, llegó a decir que, de no haber terminado, “habríamos acabado todos locos”.
Un fenómeno de merchandising
El éxito televisivo vino acompañado de una auténtica fiebre de productos: álbumes de cromos, muñecos de peluche, camisetas, mochilas, tazas, golosinas y todo tipo de merchandising de Alf.
Además, la serie tuvo un spin-off animado llamado «Alf: The Animated Series», que narraba sus aventuras en Melmac antes de llegar a la Tierra, y otra serie de dibujos, «ALF Tales», en la que Alf interpretaba cuentos clásicos con un toque humorístico. También hubo una línea de cómics publicada por Marvel Comics.
El declive en sus últimas temporadas
Emitida durante cuatro temporadas (1986-1990), la serie comenzó a perder frescura en sus últimos años. Las tramas se repetían y el formato daba signos de agotamiento, algo habitual en sitcoms con ideas muy cerradas.
El episodio final quedó inconcluso, dejando un cliffhanger que no se resolvió hasta seis años después en la película para televisión «Proyecto: ALF», donde se narraba qué había pasado tras su captura por las autoridades.
El impacto cultural de Alf
A pesar de sus limitaciones técnicas y narrativas, Alf se convirtió en un icono de la cultura pop de los 80. Su imagen sigue siendo reconocible, y en España se recuerda no solo por su emisión televisiva, sino también por la fascinación infantil de tener “un colega” como Alf en casa.
El personaje encajaba en el imaginario de la época, muy influenciado por el fenómeno de «E.T.» y el auge del cine y la TV familiar con toques de ciencia ficción.
Conclusión
«Alf» no fue la sitcom más desternillante ni la más elaborada, pero sí una de las más queridas. Su éxito se dio sobre todo entre el público infantil y familiar, que encontraba en la serie una mezcla perfecta de ternura y humor inofensivo.
Hoy, al revisitarla, puede que detectemos sus carencias, pero también revive el recuerdo de aquellas tardes frente al televisor, cuando lo importante no era la perfección técnica, sino pasar un buen rato con un extraterrestre descarado que, de alguna manera, se convirtió en parte de la familia.
El siguiente video aparece aquí gracias al canal de YouTube de Jan Schmelter.
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