Publicado el 11 de octubre de 2022
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En medio del panorama audiovisual actual, tan decadente y saturado de contenidos y formatos que muchas veces parecen hechos con molde, no está de más hacer una pausa y mirar hacia atrás. Volver a aquellos años en los que los dibujos animados eran parte esencial de nuestra infancia, cuando la televisión nos regalaba historias entrañables, personajes inolvidables y sintonías que aún hoy seguimos tarareando.
Este viaje al pasado no solo nos hace sonreír, también puede que nos saque alguna lagrimilla. Porque hay series que no solo vimos, sino que sentimos. Y para empezar, nada mejor que recordar una joya dirigida por el maestro Hayao Miyazaki:
Sherlock Holmes
Emitida por primera vez en TVE en 1986, esta serie de animación fue la última dirigida por el genial Miyazaki antes de fundar Studio Ghibli. Inspirada en las aventuras del famoso detective británico, Sherlock Holmes nos presentaba a los personajes en versión animal, con Holmes como un astuto perro y Watson como su fiel compañero.
La realización exquisita, el ritmo narrativo y el diseño de escenarios hacían que cada episodio fuese una pequeña obra de arte. Y cómo olvidar su sintonía de apertura, que nos sumergía de inmediato en el misterio y la aventura.
El siguiente video aparece aquí gracias al canal de Sergio Villa.
El osito Misha
Antes de que las mascotas olímpicas se convirtieran en iconos de marketing, Misha fue pionero. Mascota oficial de los Juegos Olímpicos de Moscú 1980, su ternura conquistó al mundo. Tanto fue así que tuvo su propia serie de dibujos animados, emitida en TVE a principios de los 80 y más tarde, entre 1986 y 1987, cada mediodía en La 1.
Aunque la canción del opening es la más recordada, la del ending —mucho más emotiva— tiene el poder de hacerte llorar a moco tendido. Una serie que hablaba de amistad, valores y aventuras, con un tono cálido que hoy cuesta encontrar.
El siguiente video aparece aquí gracias al canal de gdscr.
Los Snorkels
Si los Pitufos no eran lo tuyo, quizás fuiste fan de sus rivales submarinos: Los Snorkels. Más modernos, más enrollados y con un diseño de personajes más fresco, esta serie ofrecía una alternativa divertida y colorida.
La canción del opening en español es una de esas que se quedan grabadas en la memoria. Cada vez que la escuchas, te transporta a las tardes frente al televisor, con merienda en mano y sin preocupaciones.
Aquí tenéis su sintonía, para quienes ya la habíais olvidado, cortesía de Aquellos Locos 80.
Candy Candy
Pocas series han sido tan melodramáticas como Candy Candy. Estrenada en Japón en 1976, no llegó a España hasta casi una década después. Y aunque muchos no vimos nunca su final, todos recordamos el cúmulo de emociones que nos provocaba.
A Candy le pasaba de todo: amores imposibles, pérdidas, reencuentros… pero siempre con una sonrisa y una actitud positiva. El anime alcanzó niveles de enganche comparables a cualquier culebrón, y generó una auténtica avalancha de fans en todo el mundo.
En el vídeo que acompaña esta entrada, puedes escuchar el opening original en japonés, una pieza que aún emociona a quienes vivieron la serie intensamente.
El siguiente video aparece aquí gracias al canal de Usabell.
Mofli, el último koala
Una de las pocas series de animación españolas de los años 80, Mofli nos contaba la historia de un koala que era el último de su especie. Todos querían capturarlo, pero él solo buscaba vivir en paz.
Emitida en TVE en múltiples ocasiones, la serie constaba de solo 13 episodios, pero su impacto fue enorme. Con un tono lacrimógeno y una narrativa sensible, Mofli se convirtió en un símbolo de la infancia para muchos.
La sintonía original sigue siendo una de las más emotivas de la animación nacional.
Érase una vez… la vida
Aunque no está olvidada —de hecho, sigue siendo muy recordada— no podíamos dejar fuera a Érase una vez… la vida. Esta serie educativa logró lo que pocas han conseguido: enseñar de forma divertida y memorable.
A petición de los lectores del blog, incluimos aquí la sintonía que editó DIVUCSA bajo el sello PERFIL en cassette en 1989. Aunque la calidad del sonido no es la mejor, aún se puede disfrutar y recordar cómo aprendíamos sobre el cuerpo humano mientras nos entreteníamos.
Conclusión
Estas series de dibujos animados no solo marcaron una época, también nuestras vidas. En un momento en que el contenido audiovisual parece cada vez más efímero, volver a ellas es reconectar con lo auténtico, con lo que nos emocionaba de verdad.
Porque más allá de la animación, eran historias que nos enseñaban, nos hacían reír, llorar y soñar. Y eso, por suerte, no se olvida.
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