Publicado el 9 de marzo de 2023
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«Filo entra en acción»: un clásico juvenil que sigue siendo actual
Hace unos días, trasteando por casa y revisando viejos cajones, me topé con un ejemplar que no veía desde hace décadas: «Filo entra en acción». A simple vista, el pobre libro estaba en las últimas: las tapas desgastadas, las páginas amarillentas y las esquinas dobladas. Claramente había pasado por muchas manos, entre ellas las mías cuando tenía unos 10 o 12 años.
Este ejemplar pertenecía a la colección «Austral Juvenil», una de esas colecciones que en los años 80 llenaban librerías y bibliotecas escolares con títulos pensados para niños y adolescentes. Eran libros con ediciones manejables, ilustraciones sencillas y tramas accesibles, que conseguían despertar el gusto por la lectura en más de uno.
Un libro con más de 40 años… y un lenguaje actual
Al abrirlo de nuevo y ojear sus primeras páginas, lo que más me sorprendió fue comprobar lo actual que sigue resultando, tanto en el lenguaje como en la trama. Han pasado más de cuatro décadas desde su publicación, pero no transmite la sensación de ser un relato «anticuado».
El vocabulario es directo y cercano, las conversaciones entre personajes suenan naturales y frescas, y las situaciones que describe podrían ocurrir perfectamente en cualquier escuela de hoy en día. Esa capacidad de mantenerse vigente es, sin duda, uno de los grandes méritos de la obra.
Argumento: un misterio en el aula de 8º D
La historia está centrada en un grupo de cuatro amigos que comparten clase: el 8º D. La rutina escolar se ve alterada cuando comienzan a producirse robos dentro de la propia clase. Lo que empieza como un incidente aislado pronto se convierte en un problema recurrente, generando tensión entre los alumnos.
Uno de los chicos, un alumno mulato, se convierte rápidamente en el principal sospechoso, no por pruebas sólidas, sino por prejuicios. La sospecha hacia él es automática, fruto de estereotipos y actitudes discriminatorias que, lamentablemente, siguen presentes en nuestra sociedad.
En este punto es donde entra en juego «Filo», otro de los compañeros, que decide investigar por su cuenta para descubrir al verdadero culpable y demostrar la inocencia de su amigo. Este planteamiento convierte la trama en una mezcla de novela escolar y misterio detectivesco juvenil, con un mensaje muy claro contra la discriminación.
Un enfoque realista y con toques de humor
Aunque está dirigida a un público infantil o juvenil, la novela destaca por un realismo poco habitual en libros de este tipo. Los personajes no hablan como «niños idealizados» de manual escolar, sino como chicos de carne y hueso: usan expresiones coloquiales, comentan lo que ven sin filtros y reaccionan como lo harían los alumnos de cualquier escuela.
Además, la autora intercala momentos de humor y situaciones cómicas que alivian la tensión del conflicto principal. Esa combinación de realismo, misterio y humor hace que el ritmo sea ágil y que el lector se involucre rápidamente en la historia.
Recuerdo que, en su momento, lo leí varias veces. No era solo por el misterio, sino por la simpatía que transmitían sus personajes y por la forma en que la historia conseguía meterte en el aula con ellos. Llegó a ser uno de mis libros favoritos de la infancia.
Christine Nöstlinger: la voz detrás de «Filo»
La autora de esta novela es Christine Nöstlinger, un nombre muy reconocido en la literatura infantil y juvenil, especialmente para quienes fueron niños en los 80 y disfrutaban de la lectura. Si te gustaba leer en aquella época, es probable que alguna vez hayas tenido en las manos otro de sus títulos.
Nöstlinger fue una escritora austríaca con una larga trayectoria dedicada a los más jóvenes. Falleció hace cinco años, dejando tras de sí un legado de obras que combinaron entretenimiento con temas de calado social. Sus historias no se limitaban a ser aventuras inocentes: en ellas abordaba problemáticas reales, siempre desde una perspectiva accesible para los niños.
Un estilo reconocible y sin artificios
Uno de los rasgos más característicos de Christine Nöstlinger era su uso del lenguaje. Escribía como hablaban los niños y adolescentes, sin artificios ni un tono excesivamente académico. Esto le valió tanto elogios como críticas: algunos consideraban que su lenguaje era demasiado «común» para la literatura infantil, incluso «poco apropiado».
Pero ahí radicaba parte de su fuerza: sus personajes resultaban creíbles porque no parecían recitar frases impostadas, sino conversar como lo harían en la vida real. Esa naturalidad es la que permite que, incluso hoy, sus novelas sigan sonando cercanas.
Ideas y trasfondo personal
Nöstlinger provenía de una familia humilde de Viena y tenía ideas liberales y antifascistas que, de una forma u otra, impregnaban sus libros. No se trataba de panfletos políticos disfrazados de cuentos, sino de transmitir valores como la igualdad, el respeto, la diversidad y el rechazo a la injusticia. En Filo entra en acción, esto se refleja en la denuncia de los prejuicios y en la defensa de no juzgar a alguien por su aspecto o sus orígenes.
Por qué «Filo entra en acción» sigue vigente
El libro sigue funcionando hoy porque sus temas centrales son universales y atemporales: la amistad, la lealtad, la injusticia de los prejuicios, la importancia de actuar cuando algo no es justo. Aunque el entorno escolar de la historia sea el de hace 40 años, la dinámica entre compañeros, los conflictos y la manera en que se abordan no han cambiado tanto.
Además, el enfoque de Nöstlinger tiene otro valor añadido: no trata al lector infantil como alguien incapaz de entender problemas complejos. Les plantea dilemas morales y les muestra que las acciones tienen consecuencias, todo envuelto en una narración entretenida.
Un libro que merece ser releído
Volver a abrir Filo entra en acción después de tantos años ha sido como reencontrarse con un viejo amigo. Me he dado cuenta de que, más allá de la nostalgia, sigue siendo una lectura recomendable, no solo para niños de 10 o 12 años, sino también para adultos que quieran recordar cómo eran aquellas novelas juveniles que no temían hablar de temas serios.
Que un libro infantil de hace cuatro décadas siga resultando fresco en su lenguaje y vigente en su mensaje es algo que no ocurre todos los días. Y ese es, quizá, el mejor homenaje que se le puede hacer a Christine Nöstlinger: seguir leyendo y recomendando sus historias.
En definitiva, Filo entra en acción es mucho más que un simple libro de misterio escolar. Es un recordatorio de que la literatura juvenil puede divertir y, al mismo tiempo, invitar a reflexionar. Que los buenos personajes, el humor y los mensajes claros no caducan. Y que, aunque las modas literarias cambien, siempre habrá espacio para historias que, como esta, se atreven a hablar de lo que importa con naturalidad y cercanía.
Si todavía a alguien le interesan las tramas policíacas de robos en la escuela, podéis encontrar todavía el libro en Amazon y otras webs de segunda mano.
Otro libro interesante en esta entrada.



