Ronja, la hija del bandolero (2014)

Ronja

Publicado el 10 de diciembre de 2022

Ronja, la hija del bandolero: una joya de animación para todas las edades

Hay series para niños que son, pues eso, series para niños: tramas simples, personajes planos y un formato pensado únicamente para entretener a los más pequeños. No es el caso de la que nos ocupa hoy. «Ronja, la hija del bandolero», producida en Japón en el año 2014, es una de esas excepciones que logran algo complicado: atrapar tanto a niños como a adultos.

Es de esas producciones que, sin perder su tono amable y accesible, tienen un trasfondo, un cuidado visual y una narración que la hacen disfrutar igual —o incluso más— a los espectadores con unas cuantas décadas encima.

¿De qué trata «Ronja»?

La serie es una adaptación de un cuento de la autora sueca Astrid Lindgren, famosa mundialmente por crear a Pippi Calzaslargas. En esta ocasión, la historia nos lleva a la Escandinavia medieval, un escenario de bosques infinitos, paisajes nevados y leyendas ancestrales.

En un castillo fortificado, un grupo de bandoleros vive de asaltar caminos y viajeros desprevenidos. No hay eufemismos: se dedican a robar todo lo que encuentran, organizados bajo un líder carismático y temido.

En medio de este ambiente nace Ronja, la hija del jefe de la banda, Mattis. Desde bebé crece rodeada de esa vida de asaltos y festines en el gran salón del castillo. Sin embargo, a medida que se hace mayor, Ronja empieza a preguntarse si el camino que le marca su familia es el correcto. Su curiosidad y su carácter independiente la llevan a cuestionar incluso la forma en que su padre y su gente se ganan la vida.

Más que una serie para niños

«Ronja, la hija del bandolero» no es una historia infantil al uso. Sí, tiene aventura, humor y un aire de cuento clásico, pero también conflictos morales, relaciones complejas y un retrato muy humano del paso de la infancia a la madurez. Los más pequeños encontrarán un relato emocionante con bosques llenos de criaturas misteriosas, mientras que los adultos verán capas más profundas: la herencia familiar, la ética del trabajo y la importancia de seguir tu propio camino.

Ronja, una serie con alma Ghibli

Aunque está realizada con animación 3D moderna, la serie tiene ese toque que recuerda a las producciones clásicas. Desde el primer episodio se nota que hay un cuidado especial por la atmósfera y la narración pausada, algo que no abunda en la animación infantil actual.

Incluso su opening tiene el espíritu de antaño: una canción pegadiza, de esas que uno tararea sin darse cuenta. En la versión española, el tema de apertura lo interpreta Sol Pilas, una voz muy conocida por los fans del anime por haber cantado sintonías como las de Juana y Sergio. Este detalle ya nos pone en contexto: no estamos ante una serie más, sino ante una producción que cuida incluso los elementos que otros considerarían secundarios.

La mano de Goro Miyazaki

El responsable de llevar esta historia a la pantalla es Goro Miyazaki, hijo del mítico Hayao Miyazaki, cofundador de Studio Ghibli. Goro había dirigido previamente películas como «Cuentos de Terramar» o «La colina de las amapolas», y aquí demuestra que sabe trasladar el espíritu Ghibli al formato de serie por capítulos.

La combinación de animación tradicional en su narrativa y técnicas 3D avanzadas en su estética crea un equilibrio muy atractivo. Los personajes se mueven en entornos con texturas y luces realistas, pero sin perder ese aire artesanal que caracteriza al estudio.

Ver a las nuevas generaciones de animadores —y en este caso, literalmente a la siguiente generación de una familia creativa— tomar el relevo con series como Ronja es un alivio para quienes tememos que cierto tipo de animación se pierda con el tiempo.

Personajes y conflictos

La serie gira en torno a dos clanes de ladrones enfrentados. Por un lado, está el grupo de Mattis, con su hija Ronja como protagonista. Por el otro, el clan de Borka, cuyo líder es tan obstinado como el propio Mattis. El hijo de Borka, Birk, tendrá un papel esencial en la historia: lejos de ser enemigos, él y Ronja acaban forjando una amistad profunda.

Esta relación, casi imposible dadas las circunstancias, será el catalizador para que ambos cuestionen el mundo de los adultos. Ronja y Birk no solo se enfrentan a las tensiones entre sus familias, sino que aprenden juntos a interpretar el bosque, a respetar a las criaturas que lo habitan y a buscar su lugar en un entorno marcado por la rivalidad.

Un ritmo diferente en la animación infantil

Acostumbrados a series que parecen ir con el acelerador a fondo, Ronja, la hija del bandolero sorprende por su ritmo pausado. Los episodios se toman su tiempo para mostrar las estaciones del año, el paisaje y los pequeños gestos que definen a los personajes. Esto no significa que falte acción, sino que la aventura convive con momentos de calma que ayudan a sumergirse de verdad en la historia.

El bosque como un personaje más

Uno de los elementos más fascinantes es el bosque que rodea el castillo. No es solo un escenario, sino casi un personaje vivo: alberga peligros, pero también maravillas. En él habitan animales reales y seres fantásticos, que sirven para subrayar el carácter de cuento de la serie. Cada incursión de Ronja en el bosque es una oportunidad para descubrir algo nuevo, tanto para ella como para el espectador.

Un mensaje universal

Aunque la historia esté ambientada en una Escandinavia medieval y cuente con bandidos, castillos y criaturas mágicas, su mensaje es atemporal: crecer implica hacerse preguntas. Ronja aprende que no todo lo que dictan los adultos está bien solo por venir de ellos, y que la amistad y la honestidad pueden ser más importantes que la lealtad ciega a un clan.

Conclusión: una serie para guardar

«Ronja, la hija del bandolero» es de esas producciones que merece la pena ver en familia. Los niños disfrutarán de la aventura, los personajes y el componente fantástico. Los adultos encontrarán una historia bien construida, con dilemas y emociones reales, envuelta en una animación que, aunque 3D, mantiene la calidez de las producciones clásicas.

En un panorama donde la animación infantil muchas veces peca de simplista o de estar diseñada únicamente para vender juguetes, Ronja se siente honesta y cuidada. Una prueba de que todavía hay espacio para las historias que combinan entretenimiento y valores, sin renunciar a un acabado visual impecable.

Es, en definitiva, un recordatorio de que la buena animación no entiende de edades.

El siguiente video aparece aquí gracias al canal de cameo.

Como siempre, podéis buscar la serie en Amazon.es o verla en alguna plataforma de streaming.
Otra serie de Miyazaki en esta entrada.

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