Publicado el 28 de julio de 2021
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Los Aurones: una rareza televisiva que sigue dando que hablar
De Los Aurones, esa peculiar producción de los años ochenta, se ha dicho mucho… y la gran mayoría de las veces, para mal. No es casualidad: se trata de una de esas series cuya estética, por más que intentase conectar con el público, no llegó a cuajar del todo.
La propuesta visual sorprendía —y en muchos casos desconcertaba—: marionetas de aspecto discutible, más cercanas a lo inquietante que a lo entrañable; decorados oscuros, con una ambientación que parecía extraída de una versión infantil de una novela gótica; música lúgubre, compuesta con sintetizadores que reforzaban esa atmósfera sombría; y argumentos que, lejos de la ligereza habitual en el entretenimiento para niños, se internaban en tramas de tintes siniestros.
Sorprende pensar que todo esto se emitiera en un espacio infantil, y más aún que mantuviera su emisión durante 26 semanas consecutivas, alcanzando incluso a producir un largometraje. Cinco años después de su estreno, Televisión Española decidió rescatarla, repitiéndola en horario matinal tanto en La 1 como en La 2, lo que permitió que una nueva generación de espectadores se encontrara con aquel extraño mundo de los aurones.
Una producción de artesanía pura
El proceso de producción era, sin exagerar, artesanal en cada uno de sus elementos. Desde la construcción de los muñecos hasta el más mínimo detalle de los decorados, todo se realizaba a mano, en talleres donde la paciencia y la meticulosidad eran clave. Los escenarios se montaban sobre grandes mesas elevadas; bajo ellas, ocultos a la vista del público, se situaban los marionetistas, que con pulso firme y mucha imaginación daban vida a los personajes.
Eso sí, el resultado visual no disimulaba las limitaciones técnicas de la época: las marionetas tenían movimientos muy reducidos y cierta rigidez que contrastaba con la expresividad que se buscaba transmitir. Los efectos especiales, por su parte, llevaban claramente el sello “artesanal” de la casa: nada de tecnología avanzada, sino soluciones creativas y rudimentarias que, a su manera, tenían un encanto único.
Entre lo inquietante y lo entrañable
A pesar de su tono oscuro, Los Aurones logró dejar momentos memorables. La sintonía de apertura y la canción de cierre eran auténticos ganchos musicales: melodías simples pero pegadizas que muchos niños (y no tan niños) de la época recuerdan con facilidad incluso décadas después. Entre su galería de personajes, dos nombres se ganaron un lugar privilegiado en la memoria colectiva: Poti-Poti, con su carisma ingenuo, y Gallofa, cuya personalidad resultaba inconfundible.
El fenómeno llegó también al terreno comercial: puzzles, barajas de cartas, galletas, pastelitos, cómics, libros ilustrados, muñecos, cuentos troquelados e incluso un disco formaron parte de un merchandising que, para una serie tan excéntrica, fue sorprendentemente amplio.
Huellas en la animación española
No hay que olvidar que esta serie sirvió como inspiración directa para otro éxito de la productora Docon Films: Los Fruittis, donde personajes como Gazpacho y Mochilo se convirtieron en iconos infantiles mucho más amables y coloridos. El germen creativo de aquella propuesta partió, en buena medida, de la experiencia y experimentación con Los Aurones.
Un recuerdo agridulce
El paso del tiempo no ha jugado a su favor: hoy en día, resulta difícil imaginar que un niño moderno soporte más de un par de minutos de su peculiar ritmo narrativo, su atmósfera oscura y sus personajes rígidos. Sin embargo, para quienes la vivieron en su momento, Los Aurones fue también un punto de encuentro familiar. Se veía en compañía, en un tiempo en el que sentarse juntos frente al televisor era un pequeño ritual cotidiano.
Por eso, aunque reconozca sus defectos, guardo un recuerdo especial: fue parte de esa televisión que no buscaba ser perfecta, sino distinta, y que, con todas sus rarezas, dejó una huella que todavía hoy merece ser contada.
Más sobre Los Aurones en todocolección.
Otra serie bizarra analizada en este post.


