The Rider (2017)

The Rider

Publicado el 26 de julio de 2021

Antes de todo el jaleo y la expectación mediática por Nomadland —que confieso que no me entusiasma tanto como a la mayoría— tuve la oportunidad de ver The Rider, también dirigida por Chloé Zhao. Y debo reconocer que, aunque nunca he sido especialmente aficionado a las películas de vaqueros o al western clásico, esta cinta es otra cosa.

Aquí no encontrarás duelos al amanecer, pistoleros misteriosos ni persecuciones a caballo al estilo Hollywood. The Rider es un western contemporáneo que se adentra más en el drama humano que en la acción, y que, a pesar de su ambientación en el mundo del rodeo, nos habla de heridas físicas y emocionales, de identidad y de segundas oportunidades.

Parecidos con Nomadland

Es inevitable compararla con Nomadland, ya que ambas comparten el estilo narrativo pausado, el gusto por retratar la América rural y la mezcla de ficción con elementos documentales. Sin embargo, hay una diferencia importante: en Nomadland la protagonista es una actriz profesional de renombre, Frances McDormand, mientras que en The Rider los intérpretes son personas reales que, en muchos casos, se interpretan a sí mismas.

Y ese detalle lo cambia todo. La película tiene un grado de autenticidad que pocas producciones logran, porque no se siente actuada; se siente vivida.

Actores no profesionales y un reparto lleno de verdad

Una de las cosas que más me sorprendió —y que supe después de verla— es que los protagonistas no son actores formados, sino gente corriente interpretando el papel de sus vidas. Brady Jandreau, el protagonista, es un verdadero jinete de rodeo que sufrió un accidente casi idéntico al que se narra en la historia.

En lugar de representar un personaje inventado, simplemente muestra su realidad y la de su entorno. Su familia en la película es su familia real, y sus amigos también lo son. Así, lo que vemos en pantalla es una fusión perfecta entre documental y ficción, donde la cámara de Chloé Zhao se limita a observar sin juzgar, capturando gestos y silencios tan elocuentes como cualquier diálogo.

Momentos duros

La historia está llena de instantes emotivos, pero algunos resultan especialmente impactantes. Uno de ellos es el de Lane Scott, un amigo parapléjico del protagonista, a quien ayuda en sus ejercicios de rehabilitación. Scott también es un jinete de rodeo en la vida real y, como Brady, ha visto truncada su carrera por un accidente.

Son escenas que van más allá de la ficción y que transmiten una fuerza y una ternura imposibles de fabricar en un rodaje tradicional.

Pese a su dureza, la película no es pesimista. Sí, hay una profunda reflexión sobre la pérdida de sueños y el dolor de dejar atrás aquello que define tu identidad, pero también hay un final abierto al optimismo, donde se percibe la capacidad del ser humano para adaptarse y encontrar un nuevo propósito.

Un estilo visual que te envuelve

La dirección de Chloé Zhao se caracteriza por su fotografía naturalista, con amplios planos de las llanuras de Dakota del Sur, cielos inmensos y una luz que parece pintada. Todo esto contribuye a crear una atmósfera íntima y contemplativa, donde cada imagen dice tanto como las palabras.

La directora sabe cuándo detenerse en los detalles: una mano acariciando la crin de un caballo, una mirada perdida en el horizonte, el sonido del viento golpeando las chapas de una granja.

Disponibilidad y dónde verla

The Rider ya está disponible en varias plataformas de streaming y, para los coleccionistas, también en formato físico. Personalmente, la adquirí en Amazon, pero también ha sido emitida en televisión, como en La 2 de TVE, lo que ha permitido que más público pueda descubrirla.

No es una película para quienes buscan acción trepidante; es para quienes saben apreciar el cine que se toma su tiempo y que confía en la fuerza de las pequeñas historias.

Conclusión

No voy a revelar más detalles de la trama, porque merece la pena descubrirla sin saber demasiado. Solo diré que The Rider es de esas películas que te dejan pensando mucho después de que termine, y que consiguen emocionar sin recurrir a artificios.

Si te gustó Nomadland, aquí encontrarás una obra que comparte espíritu pero con una carga emocional aún más íntima. Y si no eres fan del western, no importa: The Rider es, ante todo, un drama humano sobre perder y reinventarse.

Por eso prefiero que la veas y saques tus propias conclusiones. Y si ya lo hiciste, estaré encantado de leer tu opinión en el Libro de Visitas del blog.

Y ya que hablamos de cine que deja huella, te recomiendo también mi entrada sobre I Wanna Hold Your Hand (1978), una joya muy diferente en tono, pero igual de especial para los que amamos este tipo de películas.

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