Publicado el 2 de octubre de 2021
Contenidos
“V”: la serie que nos marcó… y nos traumatizó en los 80
En los últimos años, Hollywood se ha empeñado en rescatar viejas glorias televisivas para llevarlas al cine. Algunas con más acierto que otras, todo hay que decirlo. Y parece que entre los títulos que podrían recibir este tratamiento se encuentra «V», aquella serie de ciencia ficción que, para quienes éramos niños en los 80, fue toda una experiencia perturbadora.
No era la típica serie de aventuras espaciales. Tenía un tono tenso, inquietante, cargado de intriga y con momentos que se nos quedaron grabados a fuego. De hecho, repasando sus episodios, hay al menos nueve escenas o elementos que podríamos catalogar como verdaderos “traumas televisivos”.
1. Un comienzo inquietante
El primer episodio marcaba el tono: de pronto, naves nodriza gigantes aparecían en los cielos de las principales ciudades del planeta. Los recién llegados —los “visitantes”— parecían humanos y se presentaban como amistosos, con promesas de intercambio cultural y cooperación.
Pero desde el principio había algo extraño en su manera de actuar, un matiz siniestro que nos mantenía en guardia. Y en mi caso, aquel primer contacto fue todavía más raro: lo escuché en un televisor al que se le había ido la imagen, pero no el sonido. Imaginad tener seis años y tener que imaginar lo que estaba pasando solo por las voces y efectos de sonido. El resultado: auténtico miedo.
2. Ratones como aperitivo
Uno de los momentos más icónicos —y más comentados en los patios de colegio— fue descubrir que, bajo su apariencia humana, los visitantes eran en realidad lagartos gigantes. Y su dieta lo confirmaba: devoraban ratones blancos con total naturalidad.
La villana principal, Diana, llegó incluso a comerse una cobaya entera en una escena mítica. Pese a todo, su snack favorito parecían ser los pequeños ratoncillos. Para un niño de la época, aquello no era solo sorprendente, sino directamente asqueroso… y fascinante.
3. La piel que revelaba su verdadera naturaleza
Otra imagen que nos dejó pegados al sofá fue la de los extraterrestres arrancándose la piel humana como si fuera un disfraz. Debajo, la verdad: escamas verdes, ojos reptilianos, la confirmación visual de que nada era lo que parecía.
Hoy, con efectos digitales y maquillaje más elaborado, quizás nos parecería rudimentario. Pero en aquellos 80, esos efectos prácticos eran más que suficientes para dejarnos helados.
4. El almacén de humanos
En una de las tramas, los visitantes capturaban humanos y los almacenaban en sus naves colgados del techo, envueltos y listos como si fueran piezas de carne en un secadero. Esa imagen, a medio camino entre la ciencia ficción y una película de terror, es otra de las estampas más perturbadoras de la serie.
Era la confirmación de que los alienígenas no estaban aquí para ayudarnos, sino para usarnos como recurso.
5. Juliet, prisionera de Diana
En un arco especialmente inquietante, Juliet, esposa (o expareja) del periodista Mike Donovan, era capturada por Diana. Lo que venía después no era tortura física al uso, sino algo más siniestro: una terapia de manipulación mental tele-psicológica diseñada para destrozar la voluntad de Juliet y ponerla al servicio de los lagartos.
Ese concepto, el de que alguien pueda lavarte el cerebro hasta anularte, resultaba casi más aterrador que cualquier arma alienígena.
6. Ratones para Donovan… aderezados con alucinaciones
Diana también logró capturar a Mike Donovan, y en un gesto de crueldad retorcida, le echó droga en su bebida. Bajo los efectos de las alucinaciones, Donovan estuvo a punto de hacer lo impensable: comerse unos ratones, creyendo que era algo normal.
La escena era angustiosa no solo por el asco que producía, sino por lo cerca que estaba de que el héroe de la historia cayera en las prácticas de sus enemigos.
7. El hijo que se pasa al otro bando
Uno de los golpes emocionales más fuertes llegó cuando Donovan vio cómo los visitantes manipulaban la mente de su propio hijo, logrando que se uniera a su causa. La idea de que un ser querido pudiera convertirse en enemigo —y además por un control mental ajeno— nos tocó profundamente incluso siendo pequeños.
8. El bebé híbrido
En un giro que mezclaba romance inter-especies y horror biológico, una humana se enamoraba de un visitante. La relación llegaba a su clímax con un embarazo, y finalmente, el nacimiento de un bebé híbrido.
Aparentemente, la criatura era un adorable recién nacido… hasta que mostraba su lengua de lagarto. Ese instante provocaba un sobresalto tremendo tanto en la madre como en nosotros, los espectadores.
9. El clima opresivo: invasores y resistencia
Más allá de escenas concretas, V transmitía un ambiente opresivo constante. La Tierra estaba bajo el control de los visitantes; los gobiernos colaboraban o eran impotentes; y la única esperanza estaba en pequeños grupos de resistencia que actuaban en la sombra, jugándose la vida para sabotear los planes alienígenas.
Ese contraste entre un enemigo poderoso y una resistencia improvisada pero valiente era el motor de gran parte de la tensión de la serie.
Un final difuso y… ¿cutre?
Lo que tengo grabado con nitidez es el principio de la serie. El final, en cambio, se me presenta como una nube borrosa. Recuerdo —quizá erróneamente— un desenlace algo precipitado en el que parecía que todos se reconciliaban o llegaban a algún tipo de tregua.
Emitida en los 80, y vista con ojos de niño, es posible que mi memoria haya mezclado cosas. Pero esa sensación de cierre poco satisfactorio es una de las pocas espinas que me dejó V.
El legado de “V”
Años después de su emisión original, V sigue considerándose una serie icónica de la ciencia ficción televisiva. Su mezcla de intriga política, resistencia clandestina y elementos de terror ligero le dio una personalidad única. Inspiró a toda una generación y dejó huella en cómo entendemos las invasiones extraterrestres en la pantalla.
De hecho, muchas producciones posteriores —desde series hasta películas— han retomado elementos que V popularizó:
- El camuflaje perfecto de los alienígenas.
- La estrategia de ganarse la confianza antes de atacar.
- El protagonismo de los medios de comunicación en la trama.
- Las dobles lealtades y traiciones familiares.
De la tele al cine
El anuncio de que V podría ser adaptada al cine encaja en la tendencia actual de rescatar clásicos. El reto, claro, será mantener el espíritu perturbador y el tono inquietante que la hizo memorable, sin caer en un espectáculo vacío de efectos especiales.
Para los que vivimos la serie original, cualquier versión moderna deberá ser fiel a:
- El impacto de la llegada de las naves.
- La doble cara amable y monstruosa de los visitantes.
- La crudeza de sus métodos.
- Y, por supuesto, el carisma de personajes como Diana y Donovan.
Conclusión
V no fue solo entretenimiento: fue un fenómeno cultural que nos enseñó que la ciencia ficción podía asustar, incomodar y al mismo tiempo enganchar. Entre ratones devorados, pieles arrancadas, secuestros psicológicos y bebés híbridos, la serie nos dejó un catálogo de momentos que hoy siguen teniendo fuerza.
Si finalmente llega su versión cinematográfica, será una oportunidad para revivir —y quizás para que nuevas generaciones descubran— los traumas televisivos más inolvidables de nuestra infancia ochentera. Porque, reconozcámoslo: pocas cosas dan tanto juego como unos lagartos gigantes haciéndose pasar por nuestros mejores amigos… hasta que enseñan los dientes.
Eighties Archive
Podeís mirar en Amazon por si tienen la serie.
Otra serie traumática en este post.

